La final del Investors Day se decidió en directo sobre un barco en Barcelona
Tres negocios reales, cinco minutos de pitch y cinco de preguntas que nadie hizo por cortesía. Así fue el 18 de septiembre dentro del World Chain 2140.
Era la primera vez que el Investors Day se celebraba a bordo. Detrás quedaban cuatro meses de incubación, doce mil peticiones en la convocatoria, un centenar de proyectos incubados en la edición y una semifinal de once. Delante, tres emprendedores, unas setenta personas en sala y unos cuantos cientos siguiendo el streaming.

Cómo funcionaba
Miguel Caballero, el CEO, abrió situando a Tutellus como el principal venture builder de negocios reales Web3 del mundo, y lo sostuvo con la lista. Reental como proyecto insignia, más de treinta y cinco empresas lanzadas, alguna ya en proceso de venta, treinta y siete ediciones del TOK120 y la trigésimo octava arrancando.
El jurado lo formaban Carlos Salinas, Miguel Caballero y Chematomic. Cada proyecto tenía cinco minutos para presentar y otros cinco para responder. Las preguntas iban dirigidas a las tres variables que se valoran, que son el modelo de negocio, los riesgos y la viabilidad.
La decisión, en cambio, no era del jurado. Votaba la DAO, el club de inversión privado que se articula a través del token RWAT, y votaba en directo desde el streaming. Cuantos más tokens, más pesa el voto.
Y no votaba un ganador. Votaba sí o no a cada proyecto por separado, veinte mil euros para cada uno. Los tres podían llevárselo y los tres podían quedarse fuera.
Ese dinero tampoco era de libre disposición. Va destinado al proceso de tokenización, como catalizador para dar el paso siguiente. Cuando el proyecto ya está tokenizado se saca a la DAO, y ahí es donde se mueven las cifras grandes, del orden de doscientos a cuatrocientos mil euros.
La sala también votó, con un código QR y sin peso vinculante, para que la DAO viera qué había gustado.
RMAQ Rentals y la barrera de entrada
Subieron padre e hijo, los dos Jordi Porras. El padre, constructor con más de tres décadas de obra. El hijo, con formación en tecnología, explicando la parte de la inversión.
RMAQ Rentals alquila maquinaria ligera de construcción en Girona. Una flota de veintidós máquinas y cuarenta y seis accesorios, compactas, del tipo que se aprende a manejar en un rato. El cliente reserva por una aplicación, ellos entregan en obra y recogen cuando termina. La idea sale del problema que el padre lleva años sufriendo, que es la falta de personal cualificado y la espera de semanas cada vez que necesita una máquina pequeña, porque los grandes operadores de alquiler están volcados en la pesada. Ellos serán su primer cliente, y antes de subirse a ningún escenario ya tenían 15.000 euros puestos por otras pymes del sector. Buscan 200.000 euros para arrancar, y a la DAO le ofrecieron el 10% de la empresa.

Carlos Salinas fue directo al punto débil. Las barreras de entrada de un negocio de alquiler de maquinaria son bajas, dijo. Cualquiera que ya tenga nave y clientes puede comprar una flota de minimáquinas y ofrecerla mañana.
La respuesta del padre llegó desde el oficio. Las empresas de alquiler están volcadas en la pesada y en los elevadores, porque les funciona, y la ligera se queda desatendida. Ellos mismos la alquilan desde hace años y cada vez que la piden les toca esperar dos o tres semanas.
Chema lo reformuló sin suavizarlo. Que la barrera sea baja valida la demanda, y convierte el asunto en una carrera por ver quién crece más rápido.
Carlos les dejó dos ideas sobre la mesa. Un modelo franquiciable por ciudades, y ofrecer a sus propios clientes que compren flotas de micromáquinas, al estilo de lo que hace Tesla con los cybercab. Ellos contestaron con su plan de telaraña, núcleos a veinte o treinta kilómetros unos de otros y una aplicación comunitaria que garantiza la máquina en obra en un día como máximo.
Miguel preguntó si se quedaban en minimáquinas. El hijo abrió la puerta a maquinaria más innovadora, y Chema lo cerró en una frase: "Hoy minimáquinas, mañana exoesqueletos, pasado robots, siempre alrededor del mismo canal de distribución".
E-CHARGE y el escenario que podía romperlo
Gustavo Blanco presentó su proyecto colombiano con una tesis de una línea. En Colombia hay ciento veinte vehículos eléctricos por cada estación de carga, cuando en China la proporción es de ocho a uno y en España de diez a uno.
E-CHARGE monta y opera estaciones de recarga para coche eléctrico en Colombia. Gustavo es español, llegó al país hace quince años después de tres décadas en telecomunicaciones, y encontró el negocio el día que se quedó sin batería en una autopista con su mujer y sus dos hijas en el coche. Sin acceso a banca y sin un inversor grande detrás, tiene hoy veintidós estaciones operativas, cerca de dos mil sesiones de carga y unos 800.000 dólares en activos bajo gestión, financiados estación a estación con préstamos participativos. Tokeniza para dejar de ir de una en una, con una ronda de 200.000 euros por el 8% del equity.

La pregunta de riesgos vino por el lado geográfico y por el de la energía. Qué pasa si cambian las tarifas eléctricas. Gustavo respondió con el plan de autoconsumo, paneles fotovoltaicos y almacenamiento, que además ataca el coste que más pesa en la operación.
La objeción más dura fue la de viabilidad, y la lanzó Carlos. Cuanto más penetre el coche eléctrico, más gente cargará en casa, y la carga en destino doméstico se come el negocio de la infraestructura pública.
Gustavo separó los escenarios. La carga de origen está resuelta. La que no lo está, y la más rentable, es la de trayecto, la de autopista, que es exactamente la barrera que frena a quien se compra un eléctrico y descubre que solo puede usarlo en ciudad. Y añadió el dato local. En Colombia montar un cargador en casa es inviable en el noventa por ciento de los casos.
Sobre la autonomía creciente de los vehículos tiró de ejemplo. El Tesla Model Y, que en España salió hace más de una década, allí es último modelo.
Vialat y la degustación
Alejandro Molinar subió con su filipina de cocinero y cuarenta años de industria alimentaria detrás. Mientras hablaba, Guillermo preparaba guacamole en directo, vaciando polvo liofilizado en un cuenco y añadiendo agua.
Vialat liofiliza alimentos en México. Se congela el producto, se le extrae el agua en forma de vapor y queda algo esponjoso que vuelve a su estado al contacto con agua, con veinticuatro meses de vida útil y sin necesidad de frío. Su producto estrella es el guacamole, dirigido al consumidor hispano en Estados Unidos, donde ya tienen alianzas con más de seiscientos puntos de venta. La cuenta que lo explica todo es que un kilo de guacamole liofilizado se convierte en cinco kilos al hidratarse, y que un contenedor de producto seco equivale a ocho contenedores de aguacate fresco. Lo que se tokeniza son las máquinas de liofilización, y la ronda busca 475.000 dólares con un 5% del equity para la DAO.

Carlos preguntó por lo que más duda genera en la liofilización, que es qué le pasa al alimento. Alejandro contestó que cualquier alimento que se pueda congelar se puede liofilizar, que el producto mantiene el noventa y seis por ciento de sus nutrientes y que la lista incluye carne, pollo, pescado y helado.
Sobre competencia fue igual de claro. Los chinos lideran el mercado y producen fruta en cantidades imposibles de igualar, así que Vialat no va por ahí. Va a producto diferenciado para el consumidor hispano en Estados Unidos, con el guacamole y el tomate verde por delante.
La parte de riesgos y viabilidad se resolvió rápido, porque el modelo ya está probado y la experiencia está encima de la mesa. Carlos remató con un consejo de marca, aprovechar el tirón que tiene hoy todo lo aeroespacial para asociarlo a una tecnología que nació alimentando astronautas.
Luego circularon por la sala nachos con guacamole, yogur, piña, mango, plátano y manzana. Miguel recomendó probarlo desde el micrófono.
La votación
Noventa y nueve votos emitidos por la DAO.
E-CHARGE recibió los veinte mil euros y quedó tercero. RMAQ Rentals recibió los veinte mil y quedó segundo. Vialat quedó primero.
Los tres salieron financiados. Miguel lo matizó antes de que nadie saliera corriendo con el cheque. Ese dinero es la primera inversión de mucho más, y sirve para que el proyecto llegue tokenizado a la siguiente ventana del club.
Quién más estaba en la sala
La final tenía tres protagonistas, y alrededor una nómina de emprendedores que había viajado para estar ahí. Miguel los fue nombrando uno a uno.
David Restrepo, desde Colombia, con su red de puntos de higienización de cascos. Carlos Arévalo, repartido entre Venezuela y Nueva Zelanda, con Stampy y su proyecto de pagos locales. Marcos Delas, desde Argentina, con uno de los software de gestión de alquileres más importantes del país y ciento veinte mil contratos gestionados detrás de un proyecto de préstamos tokenizados. Gloria Radyk, también desde Argentina, con Bridge, una fintech montada sobre el problema de la escrituración de viviendas. Frank Spano, desde Panamá, con Agarra. Y Omar Blanco, con un hotel en San Miguel de Allende.
Ninguno de ellos es peor proyecto que los que subieron al escenario. A la final solo podían llegar tres.
Y después de esa final venía la otra, la del World Chain 2140, con tres proyectos tutellianos más esperando turno en el mismo barco.