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📅 9, 10 y 11 de Marzo · 19:00 (Madrid)
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La tokenización institucional ya es real, pero Europa se queda atrás

La tokenización institucional ya es real, pero Europa se queda atrás

La sala guardó silencio cuando Amparo García Flores tomó la palabra. CEO de Securitize Europa y con más de 18 años de experiencia en banca e innovación (incluyendo una etapa en el Grupo Santander) no suele andarse con rodeos. Y esa tarde en Madrid no fue una excepción.

"Hemos tardado cuatro años en conseguir las licencias para operar en Europa en un régimen piloto que se supone que dura seis años. Cuando las conseguí, ya habíamos perdido dos de esos seis años."

El mensaje era claro: Europa llega tarde.

Junto a ella, Miguel Schneider, responsable de producto e investigación blockchain en Securitize, y Borja Neira, consultor especialista en blockchain y tokenización en Tempo. Los tres fueron convocados por Tutellus para moderar el debate en torno a una pregunta que cada vez tiene más peso en los mercados: ¿está la tokenización de empresas lista para el mundo real?

De KKR a BlackRock: cómo se construye la confianza institucional

Securitize lleva desde 2017 picando piedra en un mercado que tardó años en tomarse en serio. Su estrategia fue metódica: primero convencer a KKR —uno de los grandes fondos de capital privado del mundo— de tokenizar uno de sus productos. Después llegó Hamilton Lane. Y finalmente BlackRock, hoy socio estratégico de la compañía con presencia en su consejo de administración y más de cuatro billion de dólares bajo gestión en su plataforma.

"El punto de inflexión fue demostrar que haciendo las cosas bien, no rápido, puedes ir creciendo y ganando la confianza de los grandes", explicó García. Un mensaje que resonó especialmente en una sala llena de emprendedores que acaban de tokenizar sus primeros proyectos: la credibilidad se construye operación a operación, no con un whitepaper.

"Puedes comprar una acción en Solana sin KYC y swapearla por USDT. Lo que estás comprando no puede ser una acción. Tiene que ser otra cosa." Borja Neira · Tempo

El elefante en la sala: no todo lo que llaman acción tokenizada lo es

Borja Neira fue el primero en nombrarlo sin eufemismos. Hay productos en el mercado que se comercializan como acciones tokenizadas de empresas cotizadas —Apple, Nvidia, Tesla— pero que en realidad son derivados. Instrumentos que replican el precio de la acción, pero sin los derechos que conlleva ser accionista. Sin protección MiFID. Sin KYC real. Sin posibilidad de acudir a una junta de accionistas.

"El usuario no es consciente de lo que está comprando", afirmó Neira. "Y si algo falla, esas acciones no están en manos del cliente final. Están en un paraíso fiscal, con posibles problemas de liquidez."

La semana siguiente a la mesa redonda, Securitize tenía prevista una reunión en IOSCO —el organismo que agrupa a los reguladores de valores del mundo— para abordar precisamente estos riesgos.

Schneider añadió un matiz técnico importante: Securitize sí tokeniza acciones reales. El proceso implica activar todos los mecanismos legales para que la acción pertenezca de verdad al inversor, con posibilidad de votar en juntas y utilizarla como colateral en protocolos DeFi. "No es lo mismo tener un derivado que tener la acción. Nosotros hacemos lo segundo."

El cuello de botella no es técnico, es cultural

Una de las intervenciones más reveladoras de la tarde llegó cuando se preguntó a Schneider dónde estaba el mayor obstáculo técnico en la integración de la tokenización con los sistemas financieros tradicionales. Su respuesta sorprendió: "En ninguna de esas cosas y en todas a la vez. El problema real es cultural."

Las entidades financieras tradicionales llevan décadas operando de lunes a viernes, de nueve a cinco. La blockchain funciona 24 horas al día, siete días a la semana. Reconciliar esos dos mundos no es un problema de código. Es un problema de mentalidad. "Todavía nos piden que mandemos los contratos por correo físico. Tienen hasta una fábrica de impresoras para el mailing a inversores", ilustró entre risas del público.

"Si Estados Unidos en 2026 ya puede tokenizar lo que quiera y nosotros tenemos que esperar hasta 2030, ¿dónde se van los mercados de capitales?" Amparo García Flores · CEO Securitize Europa

Europa contra el reloj

El momento más tenso de la mesa llegó cuando García explicó la situación regulatoria europea. El régimen piloto de la UE —pensado para impulsar la tokenización de activos financieros— nació con buenas intenciones pero con limitaciones severas: solo permite tokenizar acciones, bonos simples y fondos UCITS, con límites de entre 500 y 1.000 millones de euros por activo. Estados Unidos, mientras tanto, avanza con la Genius Act y la Clarity Act hacia una apertura total.

"La Unión Europea se ha dado cuenta de que eso no puede ser así y lo va a cambiar", admitió García. "Pero ha metido 500 normas en el mismo paquete. Para cuando se apruebe, estaremos en 2030." Cuatro años de ventaja para los americanos en un mercado que se mide en billones.

Borja Neira aportó la lectura más estructural: los beneficios reales de la tokenización de equity no se verán en el retail a corto plazo, sino en la reducción de costes operativos, en la eficiencia de los market makers y en la capacidad de gestionar riesgo en ventanas de tiempo más cortas. "Al principio cuesta verlo porque el mercado funciona bien. Pero la bola de nieve ya está rodando."

¿Mercados de órdenes o AMMs? La pregunta del millón

La mesa cerró con una pregunta abierta lanzada por Miguel Caballero, CEO de Tutellus: si pudieras diseñar desde cero el NASDAQ de los activos tokenizados, ¿replicarías los modelos existentes o construirías algo nuevo? Schneider no dudó: "Ya lo estamos haciendo. Tenemos Uniswap funcionando con BUIDL, el fondo de BlackRock. Y tenemos un Automated Market Maker propio para operar 24/7 cuando los mercados tradicionales están cerrados." No es una pregunta teórica. Es lo que están construyendo ahora mismo.

La mesa se levantó con la sensación de que la tokenización institucional ya no es una promesa. Es una infraestructura en construcción, con actores reales, regulación imperfecta y una carrera geopolítica entre bloques que apenas acaba de empezar.

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