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El futuro de las criptomonedas en 2026: qué cambia de verdad en Web3

El futuro de las criptomonedas en 2026: qué cambia de verdad en Web3

El Bloque Onchain es el congreso online y gratuito de Tutellus, donde reunimos a builders e inversores para hablar sin narrativa vacía de DeFi, tokenización y lo que viene de verdad en Web3.

En esta mesa redonda sobre Cripto 2026, Miguel Caballero, Sokar, Padre Crypto y Chematomic analizan qué ha cambiado realmente a nivel tecnológico, qué narrativas empiezan a consolidarse y cuáles, probablemente, desaparecerán.

En 2026, el panorama empieza a cambiar.

Ethereum y experiencia de usuario

Ethereum ha avanzado de forma clara en escalabilidad, costes y usabilidad. Las mejoras en account abstraction (ERC-4337), passkeys y diseño de wallets reducen fricción en la interacción diaria con la red.

El impacto es tangible: desplegar contratos o interactuar con aplicaciones ya no implica costes prohibitivos en la mayoría de casos. Esto habilita casos de uso que antes no eran viables y acerca la tecnología a perfiles no técnicos.

La dirección es evidente: simplificar el acceso sin comprometer el modelo de seguridad.

Consolidación de redes y enfoque agnóstico

El ecosistema entra en una fase de consolidación. La proliferación de blockchains sin usuarios, sin liquidez o sin aplicaciones sostenibles empieza a perder tracción.

El foco se desplaza hacia la capa de experiencia: wallets, bridges, agregadores y abstracción de red. El objetivo es permitir que el usuario interactúe con aplicaciones sin necesidad de entender en qué cadena opera cada acción.

Las aplicaciones que sobreviven son las que funcionan de forma agnóstica, priorizando utilidad, interoperabilidad y continuidad operativa.

Wallets, autocustodia y vectores de ataque

Las wallets concentran gran parte de la innovación actual. Soluciones orientadas a mejorar la experiencia reducen barreras de entrada, pero también plantean retos en comprensión y gestión del riesgo.

La realidad es clara: la mayoría de ataques no se dirigen a protocolos, sino a usuarios.
Phishing, suplantación de soporte, PDFs maliciosos, malware, manipulación del portapapeles y address poisoning siguen siendo los vectores más comunes.

La tecnología puede mitigar riesgos, pero el factor humano sigue siendo determinante. La autocustodia exige criterio operativo, no solo herramientas.

Privacidad como necesidad operativa

La privacidad vuelve a ocupar un lugar central por motivos prácticos. Regulación, filtraciones de datos y exposición innecesaria obligan a replantear hábitos y arquitectura.

Las soluciones basadas en zero-knowledge (ZK) permiten diseñar sistemas con privacidad por defecto y capacidad de cumplimiento cuando es necesario. A esto se suman prácticas básicas que marcan la diferencia: elección de RPCs, uso de VPNs y control de la huella digital.

La privacidad en 2026 se entiende como gestión del riesgo, no como postura ideológica.

Mira la mesa redonda completa aquí:

El ecosistema cripto en 2026 avanza hacia una etapa más exigente. La infraestructura madura, la experiencia mejora y la responsabilidad se desplaza cada vez más al usuario.

Entender cómo funcionan las herramientas, proteger los accesos y asumir la autocustodia como una tarea activa deja de ser opcional.

Durante la charla se repitió una idea clave:

Si estos ataques siguen funcionando, es porque siguen encontrando usuarios desprevenidos.

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