Bitcoin es el dinero que Hayek describió hace 50 años

Este octubre celebramos la publicación de la propuesta radical de Friedrich Hayek de quitarle a los gobiernos el monopolio de la impresión de dinero y dejar que monedas privadas compitieran por la confianza de la gente. Casi nadie lo tomó en serio. Hoy, un protocolo descentralizado que nadie controla hace casi exactamente lo que él describió, y la mayoría de quienes lo usan nunca han oído hablar del ensayo que lo predijo.

En 1976, en La desnacionalización del dinero, el economista austriaco y premio Nobel de 1974 argumentó que el control gubernamental del dinero era la raíz del ciclo económico de auge y caída, y de la inflación que corroe los ahorros de todos. Su propuesta de solución era dejar que los bancos y otros emisores privados crearan monedas en competencia. El dinero malo perdería clientes, el dinero bueno se los ganaría y no habría necesidad de ningún planificador central.

El argumento de Hayek se apoyaba en ideas que había desarrollado durante toda su carrera. Señalaba que la información económica está dispersa entre millones de mentes individuales y ningún planificador puede reunirla toda. Los precios son la forma en que el mercado resuelve ese problema sin que nadie esté a cargo. Sostenía que el dinero pertenece a ese mismo orden espontáneo y no a las instituciones que el gobierno insiste en administrar.

La idea no llegó a ninguna parte durante décadas hasta que llegó Bitcoin.

Cómo llegamos hasta aquí

La cadena de eventos comienza con una promesa que Estados Unidos rompió. El sistema de Bretton Woods fijó el dólar al oro a 35 dólares la onza. El gasto de la posguerra y de nuevas guerras hizo imposible cumplir esa promesa. El 15 de agosto de 1971, Richard Nixon suspendió la convertibilidad. Se suponía que sería temporal, pero nunca regresó. Para marzo de 1973, el mundo industrializado había dejado flotar sus monedas, y el dinero fiat, aquél respaldado por nada más que promesas gubernamentales, se convirtió en la norma global. Los gobiernos supieron rápidamente que imprimir dinero a su entera discreción les ayudaba a salvar necesidades inmediatas de orden económico, social y político, y a postergar las soluciones de fondo impopulares.

Desde entonces, el dólar ha perdido más del 98 por ciento de su poder adquisitivo medido en oro. Compárese eso con el sólido bizantino, una moneda de oro puro que apenas se devaluó durante unos 730 años. La historia no tiene un buen historial para el dinero respaldado por nada.

En la década de 1990, una comunidad informal de criptógrafos llamados cypherpunks intentó construir efectivo digital privado que los gobiernos no pudieran cerrar. Siempre chocaban con el problema del doble gasto, un obstáculo infranqueable derivado de que cualquier archivo digital puede copiarse, así que no había impedimento para que alguien gaste el mismo dólar digital dos veces. Durante años, la única solución fue un intermediario de confianza, lo cual anulaba el propósito de crear un dinero privado que los gobiernos no pudieran confiscar.

El verdadero logro de Satoshi Nakamoto no fue crear algo totalmente nuevo, sino ensamblar las herramientas que los cypherpunks habían creado de una manera totalmente nueva. Tomó la criptografía de clave pública que tenía décadas de existencia. La combinó con la prueba de trabajo que provino de Hashcash, la herramienta antispam creada por Adam Back en 1997. El b-money de Wei Dai y el Bit Gold de Nick Szabo ya habían esbozado el contorno del dinero digital descentralizado en 1998, pero requirieron un tercero que interviniera para evitar el doble gasto. Fue Nakamoto quien combinó todo eso en un protocolo que, por primera vez, funcionó sin que nadie estuviera a cargo.

Hayek aportó el argumento moral y económico para separar el dinero del Estado. Los cypherpunks construyeron una tecnología lo bastante sólida para hacer posible esa separación. El propio Hayek, nueve años antes de morir, dijo que nunca volveríamos a tener buen dinero mientras siguiera en manos del gobierno, y que la única forma de lograrlo era encontrar "alguna forma taimada e indirecta" de sacarlo de las manos del gobierno sin que este pudiera impedirlo. Esa es una descripción bastante fiel de lo que hizo el inventor de Bitcoin.

Dinero sólido, por diseño

La oferta de Bitcoin tiene un tope de 21 millones de monedas. Ningún gobierno, empresa o persona puede cambiar eso. Por eso bitcoin es un activo antiinflacionario que acumula valor. Compárese eso con las monedas fiat que los gobiernos expanden a voluntad cada vez que necesitan cubrir un déficit generando inflación continua.

Sin duda el oro es un activo que funciona muy bien como reserva de valor, pero su custodia requiere una bóveda y alguien que lo resguarde, por lo cual es confiscable. Bitcoin permite a cualquiera resguardar su propio dinero directamente, sin banco y sin riesgo de contraparte. A diferencia del oro, el protocolo de Bitcoin se audita continuamente a través de miles de computadoras independientes que verifican todo el libro contable cada diez minutos. Compárese esto con las reservas de oro de EUA almacenadas en Fort Knox que no han tenido una auditoría física completa e independiente desde 1953.

Hayek esperaba que fueran los bancos quienes emitieran esas monedas en competencia. Acertó en el mecanismo, pero se equivocó en la institución. A los bancos no les interesaba alterar un sistema que ya funcionaba a su favor. En su lugar, surgió toda una industria de finanzas descentralizadas alrededor de Bitcoin, gestionada por código abierto en vez de instituciones con licencia.

Los gobiernos no logran decidir qué piensan

Los Estados tratan a bitcoin con sospecha, mientras lo acumulan en silencio. Estados Unidos ahora posee cerca de 325,000 bitcoins, casi todos incautados mediante la aplicación de la ley, pero en marzo de 2025 firmó una orden ejecutiva para conservar esas reservas en vez de liquidarlas. El Reino Unido y China también tienen grandes cantidades, en su mayoría también por confiscación. Los gobiernos de las potencias resisten a bitcoin en público y lo acumulan en privado.

Entre los países pequeños, dos destacan por comprar bitcoin con convicción. Bután minó bitcoin aprovechando su excedente de energía hidroeléctrica desde 2019, acumuló una reserva de cerca de 13,000 monedas y luego vendió una parte importante cuando el precio estaba cerca de su máximo histórico en 2025. El Salvador convirtió a bitcoin en moneda de curso legal en 2021 y enfrentó años de presión del FMI. Finalmente, cedió parcialmente a la presión y revirtió discretamente su regla de aceptación obligatoria en 2025 para desbloquear financiamiento del FMI. No obstante, sigue comprando cada día. Actualmente posee cerca de 7,800 monedas.

Una profecía todavía en marcha

La visión de Hayek no se ha materializado del todo. La gran mayoría de las transacciones del mundo todavía se realizan en dinero fiat. El FMI sigue presionando a los gobiernos para que no adopten bitcoin. Los bancos centrales corren a construir sus propias monedas digitales en vez de ceder terreno. El Estado se resiste a ceder voluntariamente su monopolio monetario.

Sin embargo, la dirección del cambio es difícil de ignorar. Cada reserva gubernamental, cada país que suma bitcoin a su balance, cada remesa internacional en criptomonedas de una persona a otra y cada capa de finanzas descentralizadas que reemplaza una función bancaria, acerca un poco más al mundo a lo que un economista austriaco pasado de moda describió hace medio siglo.

Aquí hay un detalle que afila el argumento. En una edición revisada de 1978, Hayek moderó parte de su predicción. Señaló que, en vez de un número interminable de monedas en competencia, el mercado se decantaría en torno a una o unas cuantas, bajo estándares dominantes. Eso se acerca bastante a lo que realmente ha ocurrido. Entre miles de criptomonedas, bitcoin se ha consolidado como la principal, mientras que solo un puñado de otras criptomonedas, como Ether y Tether, han encontrado un uso real y sostenido. El argumento refinado de Hayek podría resultar incluso más profético que el original.